Durante la revisión de las
principales características de cada uno de los gobiernos, notamos
que la transición
a la democracia implica un nuevo pacto fundacional, como nuevas leyes, nueva
Constitución, nuevas instituciones, nuevas formas de hacer política y nuevos
actores políticos, ya que, durante todos estos años gobernantes, tanto de
izquierda como derecha, terminan olvidando objetivos y promesas de campaña.
El valor fundamental de la
alternancia es que no sólo cambian las personas o los partidos en el poder,
sino que haya un cambio positivo en el funcionamiento de las instituciones de
una democracia representativa. No es solo un cambio de individuos, programas o
ideologías, sino una modificación en la distribución del poder acompañado de
una introducción de controles institucionales de la discreción gubernamental,
generar incentivos para hacer políticas públicas más eficientes y equitativas,
incitar a los políticos a satisfacer de manera más efectiva los intereses de
sus representantes y contribuir a disminuir la incertidumbre asociada a
cualquier proceso de transición.

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